12 de marzo de 2011

sé poquito, pero lo suficiente.


Sé tan poquito de la vida, y lo poquito que sé es de errores. De esos que me prometo que nunca más cometeré, y cometo siempre. Sé tan poquito del mundo, de los lugares, del hambre, de la pobreza, tan poquito. Que me creo cualquier cosa que pueda salir en las noticias, o en los periódicos de todos los días... Sé tan poquito de la ciencia. Del movimiento de los planetas, de la química cuántica, y de todas esas cosas que llevan números. Sé poquito de las calles, y de las aceras de las grandes ciudades. De los puentes que cruzan grandes mares, sé tan poquito. Conozco bien las cuatro paredes de éste pueblo, cada rincón que esconde alguna historia de amor, algún enfado, celos, bromas, algún beso, rincones de secretos... Que se quedarán ahí por siempre. Conozco el dolor, y la horrible sensación de echar de menos. Lo bonito de los abrazos y lo triste que te sientes cuando te faltan; los besos y su sabor, y su calor... Conozco bien éste cielo que algún día veré desde algún otro lugar, tal vez lejano, cerca de alguien. En lo alto de alguna torre, o de algún puente, de esos que tan poquito conozco. Sé del mar. Y de la tranquilidad que me ofrece, del descanso y las ansias de vida que me da mirar y no saber donde acaba, y no encontrar su fin. Conozco la amistad. La confidencialidad, y la fidelidad. Sé algo de la sinceridad y del cariño, conozco el amor de madre, y la emoción cuando un bebé aprieta tus dedos. Sé de las sonrisas y la felicidad, y es cierto que es la chispa necesaria para cada día. Sé qué es caerse y sentir que no puedes levantarte. Pero también sé, que si hoy estoy escribiendo esto, es porque ya más de una vez me he caído, y más de dos me he levantado. Y seguiré haciéndolo, porque aún hay alguien que confía y sabe que puedo levantarme aún cuando no tengo fuerza. Porque aún, creo en mí misma.

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